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¿Valoras las opiniones de los demás? ¿Tienes en cuenta las perspectivas que son diferentes a la tuya?

No siempre es sencillo valorar las opiniones de los demás, porque cuando chocan con las nuestras solemos dar prioridad y mayor veracidad a las propias. Esto provoca que nos volvamos personas intransigentes y que nos neguemos a analizar la manera en la que los demás perciben la realidad. En lugar de enriquecernos, esta situación más bien nos empobrece. Para poder abrir los ojos ante esta actitud tan extendida, hoy descubriremos un cuento que nos ayudará a valorar las opiniones de los demás con el conocimiento que se deriva de su trasfondo. Para ello, te invitamos a leerlo con detenimiento.

 

Los seis ciegos y el elefante, cuento popular indio.

En la Antigüedad, vivían seis hombres ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era el más sabio. Exponían sus saberes y luego decidían entre todos quién era el más convincente. Un día, discutiendo acerca de la forma exacta de un elefante, no conseguían ponerse de acuerdo. Como ninguno de ellos había tocado nunca uno, decidieron salir al día siguiente a la búsqueda de un ejemplar, y así salir de dudas.

Puestos en fila, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva. Pronto se dieron cuenta que estaban al lado de un gran elefante. El más decidido, se abalanzó sobre el elefante con gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas lo hicieron tropezar y caer contra el costado del animal. “El elefante –exclamó– es como una pared de barro secada al sol”. El segundo avanzó con más precaución. Con las manos extendidas fue a dar con los colmillos. “¡Sin duda la forma de este animal es como la de una lanza!”. Entonces avanzó el tercer ciego justo cuando el elefante se giró hacía él. El ciego agarró la trompa de arriba a abajo, notando su forma y movimiento. “Este elefante es como una larga serpiente”. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos. El sabio agarró la cola y la siguió con las manos. No tuvo dudas, “Es igual a una vieja cuerda” exclamo. El quinto de los sabios se encontró con la oreja y dijo: “Ninguno de ustedes ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano”. El sexto sabio que era el más viejo, se encaminó hacia el animal con lentitud, encorvado, apoyándose en un bastón. De tan doblado que estaba por la edad, pasó por debajo de la barriga del elefante y tropezó con una de sus gruesas patas. “Lo estoy tocando ahora mismo y aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera”. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa. Sentados de nuevo bajo la palmera que les ofrecía sombra retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante. Todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera y creían que los demás estaban equivocados.

Y no olvides, respetar las opiniones de los demás es una de las mayores virtudes que todo ser humano puede tener. Las personas somos diferentes, por lo tanto, actuamos diferente y pensamos diferente.

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